Hay casas que se habitan. Y hay casas que se viven. La Quinta das Oliveiras es, sin duda, del segundo tipo. Desde que se cruza el portón, el ritmo cambia. El jardín envuelve, la piedra y la madera reciben, y el ruido de la ciudad queda en algún lugar allá afuera, al otro lado del muro. Aquí, el tiempo tiene otro compás