SOY LA CASA AL FINAL DEL CAMINO. No es una metáfora. Lo soy de verdad. Para llegar hasta mí, hay que entrar por un pequeño camino de acceso privado, utilizado únicamente por tres propiedades. Aquí, las casas ni siquiera tienen número. Tienen nombres. Yo me llamo Casa da Ribeira. Y no es un nombre elegido simplemen