Cada jueves abrimos las puertas de una casa de ensueño. Y en esta ocasión os traemos un ejemplo con ADN nacional. La naturaleza siempre ha sido un referente para la construcción de refugios y viviendas a lo largo de los siglos. Con los movimientos modernos, esta arquitectura vernácula se transformó en un nuevo diálogo entre arquitectura y naturaleza. Así lo concibieron los arquitectos de la arquitectura orgánica.
Sin embargo, muchos arquitectos han ido más allá y se han inspirado para sus creaciones directamente en la naturaleza, concretamente en los árboles e incluso en las flores. En este caso, fue la arquitecta portuguesa, Sandra Micaela Casinha, quien creó este proyecto en forma de flor en Gondomar, Oporto: Casa Pátios de Pétalas.
Una flor arquitectónica
El proyecto, conocido como Casa Pátios de Pétalas, se inspira directamente en la naturaleza circundante y establece una metáfora entre los pétalos de una flor y el espacio arquitectónico. Se trata de una casa unifamiliar de dos plantas construida en Gondomar, explica Deezen.
La casa fue diseñada como una gran flor. La planta baja se diseñó con una vitrina en forma de U que forma una base luminosa de la que emanan los pétalos de las flores. Estos "pétalos" rodean la fachada del piso superior a través de una gran sensación de movimiento orgánico creado por los distintos volúmenes, que convergen entre vanos y patios.
Para enfatizar la presencia de estas paredes de pétalos y destacarse sobre el paisaje y sobre el cielo, el equipo de arquitectos optó por utilizar una paleta limitada de materiales: aluminio, vidrio y madera para la parte inferior, y blanco para la parte superior.
Si en el exterior, la casa ofrece una estética similar a una gran flor, el interior continúa con el mismo principio y eleva los espacios con paredes curvas rodeadas unas de otras, como si fueran pétalos, para proporcionar luz solar entre las distintas estancias. Destaca el muro estructural curvo y contracurvo situado en el epicentro de la casa, junto con la escalera central, que se asemeja a un capullo de flor.
Las paredes curvas dividen los diferentes espacios y facilitan transiciones fluidas entre ellos. Así, se crea el concepto de "espacio abierto" en las zonas deseadas, garantizando momentos de intimidad y refugio, y se explora artísticamente a través del juego con estas paredes curvas y recortadas.
Distribución orgánica de interiores
La creación de espacios a base de pétalos de flores refleja esta armonía a través de una arquitectura suave y natural. Para ello se utiliza una paleta muy suave de colores pastel neutros. A estos espacios se une el mobiliario, también elaborado con materiales naturales y con un diseño discreto y elegante. Como el néctar que domina el espacio, creando zonas cómodas y acogedoras son los tejidos, tanto alfombras como cortinas.
Todos estos detalles armoniosos y acogedores se confluyen entre las dos plantas en las que se organiza la casa. En la planta baja se encuentran los espacios comunes, como salón, comedor y cocina, en un concepto diáfano, sin perder su carácter acogedor gracias a los grandes ventanales que lo rodean.
En la planta superior, la escalera central distribuye tres habitaciones diseñadas como suites, que cuentan con su propio baño. Cada habitación dispone además de su propia terraza exterior, cada una con un tipo de apertura diferente, dependiendo de si se sitúa a un lado del pétalo u otro.