Los cafés tradicionales de Lisboa están desapareciendo a medida que se disparan los alquileres y aumenta el turismo

Las pastelerías históricas están cerrando en toda la capital portuguesa, sustituidas por cadenas, hostales y tiendas de souvenirs.
Los vecinos luchan por salvar las tiendas y cafeterías del barrio
Los vecinos luchan por salvar las tiendas y cafeterías del barrio de Lisboa Pexels

Los tradicionales cafés de barrio de Lisboa, antaño centrales en la vida cotidiana de la capital portuguesa, están desapareciendo.

Decenas de pastelerías y cafeterías de toda la vida han cerrado en los últimos meses debido al aumento de los alquileres comerciales y a la transformación del turismo en distritos enteros. En muchos casos, los negocios históricos están siendo reemplazados por cadenas de comida internacionales, propiedades de alquiler a corto plazo o tiendas orientadas al turismo.

Según informa la agencia de noticias portuguesa EFE, varios cafés con décadas —y en algunos casos casi un siglo— de historia han cerrado recientemente sus puertas.

Décadas de historia, desaparecidas

Un ejemplo es la Pastelaria Mujique, cerca de la concurrida plaza Marquês de Pombal. El café, abierto desde la década de 1980, cerró en diciembre después de que, según se informa, los nuevos propietarios del edificio decidieran no renovar el contrato de arrendamiento.

No muy lejos de allí, la Confeitaria Vitória, fundada en 1931, cerró sus puertas en octubre. Desde entonces, su local ha sido ocupado por una conocida cadena internacional de hamburguesas, aunque se conserva parte de la fachada original.

Este tipo de cierres son cada vez más habituales en los barrios del centro de Lisboa, donde el turismo se ha expandido rápidamente en la última década.

Auge del turismo, presión sobre los alquileres

Lisboa es actualmente una de las ciudades más visitadas de Europa y recibe cada año a millones de turistas a través de cruceros, aerolíneas de bajo coste y plataformas de alquiler a corto plazo.

Ese crecimiento ha impulsado el aumento de los alquileres tanto residenciales como comerciales. Los pequeños cafés familiares suelen operar con márgenes de beneficio estrechos, lo que dificulta absorber los fuertes aumentos de alquiler o renegociar nuevos contratos.

Como explicó a Efe el propietario de un café lisboeta, muchos inquilinos se ven obligados a marcharse cuando los propietarios aumentan los alquileres más allá de lo que los negocios tradicionales pueden permitirse.

Un cambio generacional

Más allá del aumento de los costes, hay otro desafío: la sucesión.

En el pasado, los familiares solían hacerse cargo de los cafés del barrio. Cuando no lo hacían, a veces los empleados veteranos intervenían. Hoy en día, esa vía es mucho menos común.

El activista local Rui Martins, en declaraciones a Efe, señaló que las generaciones más jóvenes a menudo siguen carreras profesionales diferentes, mientras que los empleados se enfrentan a grandes barreras financieras para asumir la propiedad en distritos cada vez más caros.

El resultado es un declive constante en lugar de un ciclo de renovación.

Los residentes intentan preservar lo que queda

En respuesta, un movimiento vecinal llamado Vizinhos em Lisboa ha creado un mapa que rastrea los cafés tradicionales que aún funcionan en la ciudad. El grupo ha identificado aproximadamente 900 establecimientos que siguen sirviendo dulces portugueses clásicos, como el bolo de arroz, un sencillo panecillo de arroz popular entre los locales.

Pero los activistas dicen que el objetivo ya no es reabrir lo que ha cerrado, sino simplemente prevenir más pérdidas.

De media, en Lisboa hay hoy menos de dos cafés tradicionales por cada 1.000 habitantes, según estimaciones locales citadas por EFE.

Una cuestión de identidad

Para muchos residentes, el problema va más allá de lo económico.

Los cafés tradicionales de Lisboa han funcionado durante mucho tiempo como lugares de encuentro informales: espacios para tomar un café por la mañana, mantener conversaciones entre vecinos y mantener rutinas multigeneracionales.

Algunos lugareños argumentan que reemplazarlos por negocios estandarizados a nivel mundial corre el riesgo de erosionar el carácter distintivo de la ciudad: la misma autenticidad que atrae a los visitantes en primer lugar.

Lisboa no es la única ciudad que se enfrenta a esta tensión. Ciudades como Barcelona, Venecia y Ámsterdam también se han esforzado por encontrar un equilibrio entre el crecimiento del turismo y la preservación de la vida local.

En Lisboa, sin embargo, la transformación es cada vez más visible, un café cerrado tras otro.